Hablando de TAITTINGER

Siempre a sido motivo para celebración y un pretexto para disfrutar de una buena copa cuando lo ameritan y hay una marca que en lo personal recién probé que define muy bien el concepto de champagne.

Los orígenes del champagne Taittinger parecen leyenda y presumen de un sabor inigualable gracias a la denominada “cepa noble”. Ayer, hoy y siempre, obsesión de reyes.

A tan solo 45 minutos de París se encuentra Reims, ciudad que respira medievalismo con más de 2.000 años de historia. Monumentos, palacios, basílicas y una preciosa catedral donde durante años se coronaron los reyes de Francia consagran la mayor ciudad de la antigua región de Champagne-Ardenne.

Y es aquí en dónde nace una de las grandes etiquetas representativas del champagne: la Maison Champagne Taittinger. Sinónimo de alta calidad y buen gusto, como también de familia, resulta una de las bodegas elaboradoras de champagne más antiguas de esta denominación.

La Bodega
Pierre Taittinger dirige un negocio de distribución y exportación de Champagne en Francia. Durante la primera guerra mundial. En 1912, este joven oficial, visita por primera vez el Chateau de la Marquetterie cerca de Epernay. Se enamora súbitamente de esta propiedad y la adquiere en 1932. Innovador y visionario, decide que el Chardonnay será la uva dominante de su marca para concordar con el siglo XX, dónde el consumidor moderno aprecia especialmente la fineza y elegancia.
Hoy en día, esta casa permanece fresca entre las grandes marcas. Dirigida por Pierre Emmanuel Taittinger, la bodega forma parte del muy selectivo club de los grandes champagnes a nivel mundial, añadiendo a su marca el prestigio de ser aún dirigida por la familia fundadora.

En 34.000 hectáreas que ocupa la región de Champagne se cosecha un 37% de Chardonnay, 48% de Pinot Noir y 15% de Pinot Meunier. El viñedo propio de Taittinger, que representa en total 288 hectáreas, refleja la elegancia y estilo de sus champagnes, en el que el Chardonnay juega el papel estrella por su elegancia y frescura.

Puntos de Distinción
Una de las familias restantes propietarias y operadoras de casas en Champagne.
Distinguido por sus viñedos repartidos en 752 acres, incluyendo prestigiosos viñedos Grand Cru.
Producción de la más alta calidad: Excede el envejecimiento mínimo para todos sus vinos, alto porcentaje de uvas raíces y prácticas sostenibles.
Utiliza una proporción más alta de uvas Chardonnay en sus mezclas, otorgándole su personalidad.
Reconocimiento de la crítica: (90+) marca consistentemente excepcional, entre los conocedores de reconocimiento en todo el mundo.

Entre corchos y vinos

El tapón de una botella se puede convertir en el mejor aliado del vino, pero también, en su peor enemigo. Su función principal es la conservación, evitando que el oxígeno penetre en la botella o que bacterias y moho acaben en nuestra copa.

Normalmente, si el corcho es de calidad, obtendremos un vino en perfectas condiciones, siempre y cuando se haya conservado adecuadamente, de lo contrario, si se combina el uso de un mal corcho con una mala conservación, podremos llegar a tener un vino de pésima calidad.

El corcho es un producto natural que necesita un largo proceso para su obtención pero, en la última década, la producción de corcho se ha visto presionada por el enorme aumento del consumo de vinos embotellados. Se calcula que cada año se embotellan más de 10.000 millones de botellas de vino con tapones de corcho.

Por otro lado, también puede provocar un defecto conocido como TCA, que lo causa un hongo que se encuentra en los tapones de corcho y es imposible erradicarlo. Por esta razón, algunas bodegas se enfrentan, ahora, al uso del tapón sintético. Tanto productor como comprador, saben que en una cantidad de botellas sufrirán de TCA. Si se utilizan corchos de calidad superior, el porcentaje puede disminuir, pero no desaparecer. Por esta razón, aparece el corcho sintético, que nada tiene que ver con abaratar costes en las bodegas, sino proteger el vino en todas sus versiones.

El corcho se consigue de la corteza del alcornoque, árbol que prolifera en zonas con climas suaves que cuentan con muchas horas de sol y humedad. En España los encontramos en gran número en provincias como Badajoz, Cádiz, Huelva, Málaga y Sevilla. También están muy presentes en Portugal, lo que convierte a ambos países en los primeros productores mundiales de corcho. Para que luego digan que no lideramos nada.

Un alcornoque necesita unos treinta años para producir corcho y ocho años para regenerarse y volver a darlo. El proceso para obtener corcho se produce de siguiente forma: se “pela” la corteza del árbol dando lugar a unas planchas que se dejan secar para que pierdan la humedad y cuando se ha conseguido esto se escaldan con agua caliente para cerrar los poros y obtener una mayor elasticidad. Al término de este proceso se cortan los tapones bajo las siguientes directrices: tapones de 49 a 54 mm para los vinos destinados al envejecimiento, y de entre 38 y 44 mm para los vinos jóvenes. Posteriormente, los corchos son lavados y tratados con sustancias como parafinas o aceites para poder ser introducidos en las botellas.

Es importante colocar las botellas en posición horizontal para que el vino esté en permanente contacto con el corcho para que éste no se rompa y cumpla perfectamente con la misión que se le ha encomendado. Cuando abramos una botella deberemos fijarnos en que el corcho salga entero. Los corchos de buena calidad son los que aparecen enteros, sin grietas y manchados sólo en la zona que ha estado expuesta al vino. Si no ocurre esto habrá que permanecer en guardia ante el estado de conservación del vino.

Tipos de corchos

Naturales. Son los fabricados de una única pieza. Deben ser uniformes y sin orificios, conocidos como lenticelas. Son ideales para conservar vinos de larga duración, como reserva o gran reserva.
Aglomerados. Fabricados de distintos trozos de corcho unidos entre si por poliuretano. Son los utilizados para los vinos espumosos. También se emplean en vinos jóvenes y en crianzas.
1+1. Corchos de aglomerado a los que se les coloca un disco de corcho natural en el extremo que va a estar en contacto con el vino. Se emplean para los vinos jóvenes y para los crianzas.
Técnicos aglomerados o corcho Altec. Son corchos aglomerados de última generación, donde el aglomerado está más compactado.
Corchos para vinos espumosos. Son los característicos del tipo seta que están confeccionados a partir de un aglomerado de corcho aunque en ocasiones se usan tapones tratados con parafina.
vinos gasificados.
Sintéticos. Elaborados con polímeros sintéticos. Este tipo de corcho es muy empleado en vinos jóvenes.
Tapón de rosca. Son metálicos y tienen una rosca. Se emplean en los vinos generosos. Son muy frecuentes en los vinos del “nuevo mundo” desde donde sus “expertos” están intentando convencernos de que son los mejores para la conservación del vino.

Pero… ¿Cuáles son las ventajas de usar tapones sintéticos?

• El tapón sintético es más fácil de controlar, no como el natural que no permite saber su evolución hasta que se descorcha la botella.

• El material inorgánico no permite el crecimiento microbiológico, ni la formación de TCA.

• El tapón sintético resulta más limpio, no se quiebra y no genera polvo.

• Además, los corchos sintéticos pueden ser de diferentes colores, se extraen con cualquier descorchador y se pueden volver a poner en la botella fácilmente.

• El tapón sintético (por su mayor consistencia y uniformidad) permite una menor entrada de aire al interior de la botella. Esta misma característica recomienda embotellar sólo vinos que no necesiten evolucionar una vez embotellados. Por ello, este tapón se utiliza en vinos de consumo rápido.

• Con el tapón sintético se rompe además el requisito de guardar el vino en posición horizontal. Si el corcho tradicional necesita humedad para permanecer expandido y así evitar el paso de demasiado oxigeno a interior de la botella, el corcho sintético no la necesita.

Actualmente, Gran Bretaña es el principal impulsor del corcho sintético para los vinos de consumo rápido. Los grandes clientes no pueden darse el lujo de que sus clientes devuelvan los productos de mala calidad, generando millones de dólares en gastos por devoluciones.

Y ¿que es el mosto de uva?

El día de hoy hablaremos de un tema que estado analizando con mis alumnos y el cual es un componente natural muy importante del cual se extrae el vino a través de una fermentación.

La definición del producto lo hace muy simple: es el zumo de la uva. Un jugo formado por la piel, la pulpa y las semillas de la vid.

Es en definitiva, es la uva procesada luego de la cosecha, pero no es desechada, sino todo lo contrario. Incluso, uno de los requerimientos para ser un buen mosto es que mantenga el olor a la fruta y sea de un color vivo, por lo que no debe tener aspecto de “desecho”.

Hay tres clasificaciones para el mosto: simple, concentrado y sulfitado.

El mosto simple es el líquido que se obtiene de la molienda o prensado de la uva fresca y no ha comenzado la fermentación ni se le han agregado conservantes.

El mosto concentrado es el resultado de la deshidratación parcial del mosto simple.

El mosto sulfitado es el mosto simple conservado gracias a la adición de metabisulfito de potasio o anhídrido sulfuroso.

¿En qué se utiliza?
Generalmente es la materia prima de jugos o bebidas, aunque algunos países comenzaron a experimentar su uso como biocombustible, por su alto contenido de azúcar.

El mosto concentrado es usado en jarabes, jugos, golosinas, dulces, edulcorantes para gaseosas y panificados; el mosto sulfitado, principalmente, en el jugo de uva.

En Argentina, empresas como Arcor, Dulciora y Peñaflor utilizan el mosto para elaborar dulces, los primeros, y jugos de uva, el segundo.

Además hace unos años la UNCuyo junto al INV presentaron un proyecto para aumentar el consumo de este producto, preparando meriendas saludables y con alto contendido proteínico en base a mosto, como alfajores y galletitas.

Números del mosto
Argentina es el mayor exportador de mosto del mundo y el año pasado se exportaron más de 200 mil toneladas de mosto. Los mayores compradores son Estados Unidos, Sudáfrica, Rusia, Canadá, Japón, Chile, Ucrania, México y Puerto Rico.

El último informe del INV refleja que en octubre del 2007 la exportación del mosto aumentó un 37,1% con respecto al año anterior y el mayor volumen corresponde al concentrado sin alcohol. Con alcohol se destinó sólo a Japón, mientras que el mosto sulfitado fue exportado a Canadá.

TRATAMIENTO DE LOS MOSTOS
Es conveniente realizar un análisis a la pasta y al mosto para conocer qué características tienen y poder efectuar alguna corrección. Las dos modificaciones que más se realizan son la corrección del grado y la corrección del acidez. Las sustancias mayoritarias en el mosto son los azúcares y los ácidos. Su corrección se realiza aumentando su contenido natural y añadiendo casi el mismo producto que se encuentra en la uva.

Corrección del grado
Cuando las uvas no maduran del todo no llegan a conseguir la cantidad de azúcar necesaria para lograr una graduación alcohólica suficiente que proporcione al vino consistencia y espesor en la boca (años fríos o húmedos y vendimias tempranas). La acidez suele ser muy elevada, sin suficiente alcohol o dulzor que la equilibre.
La corrección más sencilla consiste en añadir un poco de azúcar blanco (consumo humanos) al mosto. Chaptalización. El azúcar añadido es transformado rápidamente por el mosto y gracias a ello se produce más alcohol en la fermentación. El resultado no es el mismo que si la uva hubiese madurado correctamente, ya que los aromas y sabores más finos no se pueden crear con el azúcar añadido.
Es fundamental no pasarse en la dosis de azúcar añadida, ya que si se aumenta mucho el grado alcohólico, el vino se desequilibrará. La corrección más apropiada varía en 1,5º alcohólicos, aunque en casos extremos se puede llegar a los 2º. Teóricamente son necesarios 17 gramos de azúcar por litro de mosto para un aumento alcohólico de 1º, si bien en la práctica son utilizados entre 18 y 20 gramos por litro. En los vino tintos hay que tener en cuenta en los cálculos que un 20/25% de los litros de mosto los ocupan los orujos y será necesario descontarlos para ajustar el añadido de azúcar.
En algunos sitios se corrige la falta de grado con jarabe de azúcar, con lo que además se añade agua. Con mostos poco dulces nos interesa conducir la fermentación a muy baja temperatura, porque de esa forma produce más alcohol.

Corrección de la acidez
En comarcas cálidas el principal defecto que puede aparecer en la uva es una baja acidez. El tratamiento más sencillo para elevarla es añadir una cierta cantidad de ácido tartárico en polvo. Es muy soluble en el mosto y menos en el vino. Si se añade al mosto se vierte directamente en el depósito y se remueve; cuando se incorpora al vino conviene diluirlo con un poco de vino y luego mezclarlo con el depósito.
Una acidez baja se puede detectar de tres formas: cata, análisis de laboratorio y mediante un peachímetro. La cata es la más sencilla. El mosto ha de tener un cierto gusto ácido a la par que dulce; si no lo tiene, falta acidez y hay que corregirlo.
Un análisis de laboratorio nos informa de la acidez total, que puede venir expresada en gramos de ácido tartárico o de sulfúrico por litro de mosto. Si la acidez total está por debajo de 5 gramos por litro, declarada en ácido tartárico, o de 4 gramos por litro, si viene expresada en ácido sulfúrico, se debe añadir ácido tartárico hasta lograr esos valores.
El peachímetro mide el pH, la acidez. La lectura normal debe estar entre 3 y 4. Si es más alto de 3,5 (peligroso) se debe añadir ácido tartárico para reducir esa cifra. El peachímetro hay que calibrarlo cada vez que se use.
Las adiciones suelen estar entre 0,5 y 1,5 gramos de ácido tartárico por litro de pasta o de mosto. Si no quiere complicarse la vida, se puede añadir 1 gramo de ácido por litro de mosto y punto
Ejemplo: Mosto con acidez de 3,7 gramos por litro en ácido tartárico. Si deseamos llevarlo hasta 5 gramos por litro tendremos que añadir 5-3,7= 1,3 gramos de ácido tartárico por litro.
Si midiésemos la acidez con un peachímetro y obtenemos un valor de 3,6. Decidimos bajarlo a 3,4. Cada gramo de ácido tartárico reduce el pH en una tres décimas aproximadamente. Como en este caso queremos rebajar sólo dos décimas, añadiremos ,75 gramos por litro de mosto.
Otro sistema utilizado para aumentar la acidez consiste en mezclarles una pequeña proporción de racimos de segunda floración, escorias, que no han madurado y contienen una alta concentración de ácidos. No es recomendable.

Siembra de levaduras
Las uvas traen de forma natural su carga de levaduras pegada a la pruina o cera que recubre la superficie. En circunstancias normales son suficientes para asegurar una buena fermentación del mosto. No obstante, también pueden detectarse anomalías.
1.- Tratamientos fitosanitarios demasiado intensos o cercanos a la fecha de vendimia. En dicha situación, es muy conveniente realizar una siembra de levaduras en el mosto recién estrujado para asegurar que haya una fuerte población activa.
2.- Años muy húmedos en la época de vendimia. Las pudriciones están muy extendidas y no se puede evitar que llegue la uva rota a la bodega. Esto crea un caldo de cultivo de bacterias perjudiciales. Una potente siembra de levaduras favorece la competencia de las mismas, estimula un fuerte crecimiento inicial de la población y les asegura el control del campo de batalla contra las bacterias.
3.- A modo preventivo. 3.1. Provocar un arranque rápido de la fermentación para evitar oxidaciones en el mosto; 3.2. Facilitar el buen fin de la misma sin apenas azúcares residuales; 3.3. Preservar los aromas frutales.
4.- Vendimia con lluvia. El agua elimina las levaduras salvajes de la pruina.
La siembra de levaduras en el mosto se realiza de dos formas:
1.-Un pie de cuba con levaduras autóctonas
Porción de mosto que se encuentra en plena fermentación y que se añade al mosto recién estrujado.
Coger algunos racimos sanos y con buena acidez, prensarlos, airear el mosto y dejarlos en una garrafa. Al cabo de dos o tres días comenzará a fermentar. Conducido a baja temperatura (menos de 25ºC), a los cinco días estará pujante. Entonces se puede añadir a otro poco de mosto, que se activará enseguida, o a la cosecha vendimiada. Ha de existir una proporción entre el pie de cuba y la vendimia. La relación ideal, reside en que el pie de cubra represente entre el 5 y el 10% de la cosecha.
2.- Siembra de levaduras seleccionadas (desecadas por congelación) y previamente activadas.
Las levaduras secas contienen alrededor de 25.000 células vivas por gramo. Se comercializan en paquetes de 0,5 hasta 1 kilogramos. Suelen estar liofilizados y envasados al vacío. Una vez abierto, se conservan bien durante toda la temporada si se cierra el envoltorio y se guarda en la nevera aislado de la humedad. De una año a otro pierden su vitalidad.
Las levaduras fiolizadas se activan echándolas en un poco de agua templada y algo de azúcar. (20 gramos de levaduras por cada 100 litros de mosto). Preparación: 20 gramos=cucharada sopera muy llena se disuelve en un vaso de agua (mínimo 200 centilitros) a unos 40ºC. Se añade una cucharada de azucar bien disuelta. Se espera unos dos minutos y se remueve la disolución. Tras unos cinco o diez minutos después de verter las levaduras en el vaso con agua azucarada, se aprecia que están activas pues se ponen a fermentar el azúcar y provocan espuma. Al cabo de 30 minutos ya se pueden añadir al mosto.

Sulfitado
El sulfuroso es un gas formado por azufre y oxígeno (SO2), que se genera a partir de otras sustancias, como azufre o metabisulfito potásico, o se guarda en forma de gas en bombonas a presión. Los efectos principales del sulfuroso en la vinificación son los siguientes:
1.- Prevenir la oxidación de mostos y vinos
2.- Entorpecer o impedir la actividad de las bacterias, en primer lugar, y si la cantidad es abundante, también de las levaduras.

La oxidación
Muchas sustancias desarrolladas al abrigo del aire tienden a oxidarse cuando notan la presencia de oxígeno. Esto le puede ocurrir al mosto y al vino. El primero es más susceptible que el segundo y puede consumir la misma cantidad de oxígeno en dos minutos que el vino en 24 horas. Algunas sustancias del mosto, del tipo de los taninos, se oxidan y cambian de color.
Interesa airear los mostos para oxigenarlos y favorecer la reproducción de las levaduras, en la primera fase de la fermentación, pero no nos interesa que los mostos se oxiden demasiado, pues conduce a la pérdida de aromas afrutados.
Una de las formas de prevenir la oxidación es vendimiar sólo las uvas sanas. Lo siguiente que se debe hacer es el estrujado, despalillado y prensado con rapidez y pulcritud; finalmente, hay que favorecer el arranque rápido de la fermentación.

Formas de añadir el sulfuroso
1.- Con bombonas de gas
Directamente a los depósitos de vino
2.- Pastilla de azufre
Cuando se quema azufre se produce gas sulfuroso en forma de humo. Sistema idea para desinfectar las tinas una vez fregadas y secas, pero no es oportuno utilizarlo con envases de cemento, porque lo ataca. Para asegurar la total desinfección de los depósitos limpios es conveniente dejar que el gas haga su efecto durante algunos minutos antes de llenado de mosto o vino. Con este sistema nunca sulfitaremos demasiado el caldo. La parte de sulfuroso incorporada al vino es mínima. Su función primordial es evitar que el vino entre en contacto con el oxígeno de la barrica. El liquido, al ir ocupando la barrica llena de gas desde abajo, lo va desplazando hacia arriba, absorbiendo muy poco, pero durante la operación tampoco disuelve oxígeno y no se oxida. Si queremos que se disuelva más sulfuroso, debemos dejar caer el vino desde lo alto del chorro y no introducir la manguera dentro del líquido.
Un gramo de azufre produce teóricamente 2 gramos de sulfuroso, si bien en la práctica sólo se consiguen 1,5. Las pastillas de azufre se suelen fabricar de 2,5 y 5 gramos. Las que más se usan son las primeras, pues con esa cantidad de azufre que puede quemarse dentro de una barrica de 225 litros se consume todo el oxígeno.
Desinfectar barricas limpias y también como medida de precaución en los trasiegos en la crianza.

Metabisulfito potásico
El metabisulfito es un polvo blanco que al disolverlo con agua y otros líquidos reacciona desprendiendo gas sulfuroso. Hay que perservarlo del aire, pues se oxida y pierde su efectividad. Conservarlo en envases lleno y herméticamente cerrados. Se mezcla con mucha facilidad con el mosto y con el vino removiéndolo con fuerza durante unos minutos.
Juego de pesos: cucharilla de postre rasa: 3 gramos /cuchara sopera rasa: 20 gramos.
Mezclar el metabisulfito con agua caliente, removerlo bien y echarlo al mosto o al vino. Al contrario que la pastilla de azufre, una cierta cantidad de metabisulfito produce la mitad de su peso en gas sulfuroso.

Cálculo de la necesidad necesaria de sulfuroso
Si la uva está sana se puede prescindir del sulfuroso hasta que el vino termina de fermentar. Es entonces cuando se procede a sulfitar. Una sola adición de sulfuroso sólo es suficiente si el vino va a consumirse antes del primer verano. Si va a durar más, se va a destinar a la venta o se va a embotellar, serán necesarios nuevos sulfitados.
En la enología industrial se recurre a análisis periódicos del sulfuroso libre que hay en el vino y cuando baja de ciertos valores se vuelve a añadir para mantener constante el nivel.
El sulfuroso añadido al vino se divide en dos partes: una de ellas permanece disuelta en el vino y es activa (previene la oxidación e inhibe la actividad de los microorganismos; la segunda se liga al oxígeno disuelto y a otros compuestos propios del vino y pierde su efectividad. Como el vino sólo esta bien defendido cuando el sulfuroso está en unos ciertos niveles, habrá que añadir para respetarlos.

La prueba del aire
Dejar un vaso de vino un día o dos antes de descubar expuesto al aire durante 24 horas. Si empardece o forma una película superior como aceitosa, significa que es sesceptible de oxidarse en poco tiempo y que necesita ser protegido en el descube con una dosis previa de sulfuroso. Si no presenta cambios aparentes, no es necesario sulfitarlo, lo que puede ser de interés para no estorbar la fermentación maloláctica.

Regla orientativa: un gramo de metabisulfito por cántara (16 litros)
Otras mediciones. Encubado : 4 gramos/100 litros
Descube: 4 gramos/100 litros
1ª trasiega: 8 gramos/100 litros
2ª trasiega y posteriores: 4 gramos/100 litros
Embotellado: 4 gramos/100 litros
(Recordad que la adición de matabisulfito produce la mitad de su peso en gas sulfuroso)

El talento de un Mexicano en manos de Mouton Rothschild

Dato curioso en Mouton Rothschild y que enaltece el talento mexicano ante el mundo.

En 1990, Tamayo acordó crear una obra de arte original para el sello Mouton Rothschild. El destino decretó lo contrario, pero su familia quería que el deseo del maestro se cumpliera. Así, para ilustrar la cosecha de 1998, nos han dado este “Brindis”, un hombre que propone un brindis: un ritual común que Tamayo transforma, bajo un sol radiante, en una sorprendente alegoría de deseo crudo.

La pintura de Tamayo, con su abundante riqueza de color, que va desde tonos pastel hasta el más extravagante rojo, combina formas elementales casi ingenuas con un expresionismo a menudo agresivo. También muestra una radiante energía interior en la que Octavio Paz ve una “constelación de fuerzas”. En sus obras, las criaturas inquietantes, incluso alucinatorias, parecen emanar de inmediato de una tradición inmemorial y del inconsciente del artista.

Rufino Tamayo (1899-1991), nacido en Oaxaca (México) en una familia de origen indígena zapoteca, es uno de los artistas mexicanos más renombrados del siglo XX.

Siendo un emblema de orgullo mexicano y trascendiendo fronteras en el mundo del vino.

Hablando de… MOUTON ROTHSCHILD

El dia de hoy hablaremos de una bodega francesa con una gran fama por el tipo de vinos que realizan y sobre todo por la grandeza de cada etiqueta que sobresalen por la historia que hay detrás de sus vinos.

Château Mouton Rothschild: el emblemático vino de Burdeos

Un vino legendario cuyas añadas se venden incluso antes de ser embotelladas.

A fuerza de empeño, talento y grandes dosis de tesón, la bodega Château Mouton Rothschild de Burdeos se ha labrado una merecida fama como una de las mejores del mundo.

La bodega está situada en la zona productora de Pauillac, en la región francesa de Médoc, al noroeste de Burdeos, lugar donde elaboran su legendario y famoso vino homónimo cuyas carísimas añadas son vendidas en muchas ocasiones antes de ser embotelladas. Su calidad hace honor a la reputación de Burdeos, donde se elaboran algunos de los mejores vinos del mundo, y ejemplo de la perfecta comunión entre el sabio trabajo del hombre y la ventaja de labrar unos terruños excepcionales que producen viñas ejemplares. La historia de Château Mouton Rothschild comenzó en 1853, cuando Nathaniel de Rothschild, miembro de la rama inglesa de una noble familia europea, adquirió una finca que ya en 1234 producía vinos.

Durante muchos años, a pesar de la calidad cada vez más reconocida de sus elaboraciones, la hacienda despertó poco interés entre sus diferentes propietarios, hasta el punto que la bodega sufrió de abandono durante un largo período. Pero, en 1922, el barón Philippe de Rothschild, de apenas 20 años de edad, tomó en sus manos el destino de una bodega a la que dedicaría toda su vida.

Philippe de Rothschild, legendario banquero, piloto de Grand Prix y artista, fue un visionario que inmediatamente percibió que el futuro de Château Mouton Rothschild estaba en el vino embotellado, algo no muy usual en aquellos momentos ya que la bebida se vendía entonces generalmente a granel.

A partir de 1934 comenzó a numerar las botellas y, desde 1945 hasta hoy, las etiquetas del vino Château Mouton Rothschild son diseños exclusivos de grandes artistas como Marc Chagall, Vassily Kandinsky, Pablo Picasso y Andy Warhol, entre otros. Estas pequeñas obras de arte en forma de etiquetas pueden ser vistas en el museo que hay instalado en la bodega.
Actualmente, Château Mouton Rothschild es sinónimo de excelentes vinos, entre los que se destaca su buque insignia: el mítico y valorado Château Mouton Rothschild, una creación que se elabora desde los años 30 del pasado siglo con uvas de viñedos Premier Cru de las variedades cabernet sauvignon, merlot y cabernet franc.

Se trata de un vino elegante, que muestra el arte del coupage, de color denso y opaco, casi negro, con un brillo muy atractivo y aromas refinados y complejos a frutas como las grosellas negras, las moras y las cerezas, con toques de café, cedro, especias, cuero y flores. En la boca revela suntuosos sabores a fruta madura con recuerdos a chocolate y vainilla Un vino de los que no existen por su perfección, acabado y redondez, una joya de la vitivinicultura que hay que probar si se ama el vino.

Château Mouton Rothschild es un referente internacional de calidad que ha traspasado las fronteras para convertirse en uno de los vinos franceses más apreciados y codiciados en el mundo.

LA HISTORIA DE LAS ETIQUETAS DE MOUTON ROTHSCHILD PINTADAS POR ARTISTAS FAMOSOS

Desde 1945, un elenco estelar de artistas se ha encargado del diseño de las etiquetas de Chateau Mouton Rothschild. Salvador Dalí, Pablo Picasso, Joan Miró, Andy Warhol, Francis Bacon y muchos más pintores famosos, un auténtico museo en botellas de vino.

Hasta 1924 el vino se vendía en barricas. Fue en este año cuando el Barón Philippe de Rothschild, propietario de la bodega de Burdeos, Château Mouton Rothschild, cambió la imagen de las botellas de vino cuando le encargó al famoso diseñador de posters Jean Carlu crear una etiqueta nueva para los vinos de esa añada. Quizá no fue consciente de que estaba cambiando la historia de los vinos para siempre.

Desde 1945, un elenco estelar de artistas se ha encargado del diseño de las etiquetas de Mouton Rothschild.

Años más tarde, precisamente en 1945, fecha de la Liberación de Francia, una “V de Victoria” fue usada en las etiquetas. Desde 1945, un elenco estelar de artistas se ha encargado del diseño de las etiquetas de Mouton Rothschild. Desde la muerte del Barón en 1988 es su hija quien se encarga de elegir el artista que va a diseñar la etiqueta de cada año.

De una circunstancia excepcional nació una tradición, y a partir de 1946, cada año, un artista contemporáneo es invitado a crear una obra original para ilustrar la etiqueta. Solo dos añadas han roto la regla hasta ahora: la de 1953, que celebra el centenario de la compra de Mouton por el barón Nathaniel de Rothschild, y la de 1977, que commemora la visita de la reina madre de Inglaterra al Medoc.

Para las primeras añadas, el Baron Philippe llamó a amigos personales, todos ellos pintores famosos, quienes le mostraron su apoyo. Entre ellos están Jean Cocteau, Leonor Fini, Jean Hugo, Marie Laurencin, Carzou … Esto se mantuvo así hasta 1955. Ese año, Georges Braque, seducido por la originalidad del proyecto, aceptó realizar un dibujo para la etiqueta de Mouton. Braque inició así un modelo a seguir para los mayores artistas de la época, constituyendo un apasionado recorrido a través de la pintura moderna y contemporánea: Masson, Villon, Mathieu, Matta, Alechinsky, Chagall, Soulages, Delvaux, Bacon, Balthus, Warhol, Lucian Freud, a los que se unieron grandes escultores como Lippold, Henry Moore, César et Arman. También fueron seleccionados artistas españoles; entre ellos, Picasso, Dali, Miró y Tapies. Respecto a la etiqueta de Picasso, fue su hija Paloma la que autorizó la reproducción de una de sus “Bacanales” para la etiqueta de 1973.

La relación entre los artistas y los propietarios de Mouton Rothschild se ha basado siempre en la amistad y la confianza. Pero también en la independencia mutua. Cada artista es libre, siguiendo su propia inspiración, para interpretar los temas de la vid, el placer de beber o el símbolo del carnero. Mouton Rothschild igualmente tiene la potestad de rechazar un trabajo, si creen que no se adapta a su gusto a a las limitaciones propias de la etiqueta. Los artistas no reciben dinero por su trabajo, pero a cambio reciben varias cajas de vino de añadas diferentes, incluyendo obviamente la añada que que han diseñado. Desde la muerte de Baron Philippe en 1988, la baronesa Philippine, la única hija del barón, es la responsable de elegir al pintor encargado de ilustrar la etiqueta de Mouton Rothschild.

Como curiosidad, la etiqueta de Mouton Rothschild del 1993, un dibujo a lápiz de una nínfula desnuda y recostada realizado por el pintor francés Balthus fue rechazado para su uso en el Estados Unidos por la BATF (Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego). Cosas de los pudorosos americanos. Así que para el mercado de EE.UU. la botella de vino se comercializó con un espacio en blanco en la etiqueta; ambas versiones son buscadas por los coleccionistas.

¿En que momento los dioses se fueron de copas?…El vino y la mitologia

Vamos a retomar la historia del vino, viajando muy lejos en la línea de tiempo, para adentrarnos en la mitología de los pueblos persa, egipcio, griego y romano. Conoceremos sus dioses y leyendas alrededor del vino, lo cual nos demostrará, una vez más, la importancia de ésta bebida en su cultura y religión.

Cuenta una leyenda persa que en el año 4.000 antes de Cristo, un ave que surcaba el cielo dejó caer unas semillas a los pies del rey y semi-dios Djemchid. Al tiempo, de esas semillas comenzaron a crecer unas plantas que dieron abundantes frutos (uvas), los cuales fueron recolectados y guardados en el depósito real. Estando allí adentro, las uvas desataron su fermentación natural, despidiendo el dióxido de carbono producido por la misma y llenando el depósito con su característico aroma.

Cuando la esposa favorita del rey, como consecuencia de sus celos hacia otra mujer, buscó veneno para suicidarse, llegó hasta el lugar donde fermentaba el oscuro jugo de las uvas. Pensando que era una poción, la bebió con la intención de matarse. Momentos después, fue hallada danzando y cantando alegremente, por supuesto, bajo los efectos de lo que había tomado. El rey llamó a esa bebida con el nombre de Darou é Shah, que significa “el remedio del Rey”. De la deformación de esa palabra deriva el nombre de Shiraz, o Sirah, cepaje proveniente de la antigua región de Persia. Decían los persas, que allí nació el vino.

Según los historiadores, la viticultura nacida en el Cáucaso, llegó a su primer momento de esplendor en los tiempos de los faraones de Egipto. Fueron los egipcios los que idearon técnicas innovadoras, como por ejemplo el prensado de uvas. Esto y mucho más fue gracias al rey-dios Osiris, quien (según la mitología) le enseñó a la humanidad el cultivo de la vid, cómo cosecharla y cómo guardar el vino resultante de su jugo. En tanto que la diosa de la agricultura, Isis, esposa de Osiris, se ocupaba de proteger y cuidar el proceso de vinificación en las primitivas bodegas.

En la mitología griega, el dios del vino es Dionisio, hijo de Zeus y Sémele. Generalmente se lo representa junto a una pantera, un leopardo y un racimo de uvas. Cuando era joven, Dionisio descubrió la viticultura y se dedicó a ella, pero Hera lo hizo enloquecer y vagar por el mundo. Curado de su locura por la diosa Rea, se dedicó a enseñar todo lo referente al vino y su producción en muchos lugares de Asia, sobre todo en India. Para los griegos, este dios inventó el vino.

Dice la leyenda, que Dionisio estaba enamorado de su joven amigo Ampelo, y es por eso que le regaló una cepa de vid que estaba pendiendo a lo alto de un árbol, llena de racimos. Tentado por lo apetitoso del fruto, Ampelo subió al árbol para probarlo, pero cayó desde lo alto y murió. Muy triste por su muerte, Dionisio lo transformó en una constelación. Otra leyenda cuenta que de Ampelo, una vez muerto por un toro, brotaron racimos de uva. La Ampelografía, que es la ciencia que estudia las variedades de vid y sus características, debe su nombre a este personaje mitológico griego.

Adoptado del Dionisio de los griegos. Baco era hijo de Júpiter, y en su honor se celebraban las fiestas Bacanales, donde se desarrollaban orgías y se bebía sin control. De la palabra Bacanal proviene una de las posibles deformaciones que originó el lunfardo “bacán”. Se supone que Baco también transmitió sus conocimientos a los humanos sobre como plantar vides y hacer vino.

Según una historia, Baco iba camino a la ciudad de Naxia, pero en la mitad del viaje se sentó a descansar. Notó que a sus pies había una pequeña planta, la cual desterró para llevarla consigo. Tomó un hueso hueco de un ave y puso en su interior el tallo, pero éste pronto creció y sus raíces quedaron al descubierto. Luego divisó un hueso hueco de un león, y colocó allí la planta. Pero sucedió lo mismo, a causa de la fertilidad que Baco le transmitía. Entonces encontró un hueso de asno, y finalmente ahí la trasladó hasta el regreso a su morada. Esa planta era una vid.

Cuando Baco le enseñó a los hombres el arte de la viticultura, recordó los tres huesos que había utilizado para transportar aquella primer pequeña planta, ya que si bebían moderadamente se ponían alegres, cantaban, y disfrutaban de la vida como pájaros. Si seguían bebiendo más de la cuenta, empezaban a ser como leones y comenzaban los problemas. Y si seguían consumiendo aún más vino, se volvían como asnos, cometiendo toda clase de insensateces y siendo el hazme reír de otras personas.

La influencia del cambio climático en el vino 

 Hoy hablaremos de un tema muy serio que ya desde hace años es evidente en muchos sectores mundiales y no está muy alejado de la enología y viticultura del siglo XXI…lo cual ha beneficiado a extraños y perjudicado a los ya consolidados como la epitome de la producccion de vino pero que día con día estás pros y contras juegan un papel crucial en la producción anual de cada bodega como si se estuviera jugando a la ruleta sin saber a ciencia cierta el pronóstico exacto para cada año. Hoy hablaremos del cambio climático 

La repercusión que la actual tendencia climática está teniendo en la viña abre una serie de incertidumbres que afectan tanto a elaboradores como a consumidores. Aquí se establecen una serie de hechos que nos permitirán profundizar posteriormente en el análisis de la influencia que el cambio climático puede traer, y de hecho ya está trayendo, sobre los vinos que consumimos.

Parece poco probable que nos podamos encontrar con algún responsable de viñedos que no esté de acuerdo en que se ha producido una variación en el desarrollo de la viña en los últimos años, por efecto del clima. Dada la ubicación geográfico-climática de la viña, entre los 30º y los 50º de latitud en ambos hemisferios, cada zona está siendo lógicamente afectada de manera específica y diferenciada. No obstante, hay una serie de patrones que se repiten con bastante frecuencia y que además afectan al vino finalizado de manera importante.
Cuando hablamos de cambio climático y vino, lo más frecuente es que nos hablen de esos elaboradores que están buscando nuevas zonas, generalmente con orientaciones más frescas 0 a mayor altitud sobre el nivel del mar, para ubicar sus nuevos viñedos. Aunque este es un aspecto importante, no deja de ser menor ya que los grandes viñedos históricos de calidad no suelen ofrecer posibilidades de movilidad geográfica, por razones obvias. Estos viñedos se enfrentan al riesgo, cada vez más claro, de perder el nicho climático en el que sus variedades y condiciones climáticas confluían para elaborar muchos de los mejores vinos del mundo. Ese es un riesgo futuro, o futurible si se prefiere, pero lo que es una realidad incontestable es que los ciclos vegetativos de las diferentes variedades con las que se elaboran esos grandes vinos se están viendo modificados. Este es un tema del que a los elaboradores no les gusta mucho hablar ya que implica, de una manera o de otra, que sus estilos históricos de vinos están amenazados. En unos casos porque el cambio climático ha mejorado las condiciones de maduración y en otras porque las ha puesto en peligro, los vinos están cambiando en las últimas décadas.

Hay tres fechas críticas en el ciclo biológico de la vid, la brotación, la floración y la vendimia. La viña permanece en reposo vegetativo durante el invierno y la temporada empieza con el desborre, en coincidencia con la subida de la temperatura del suelo por encima de los 10º, y la posterior brotación, habitualmente a principios de primavera. La vid crecerá vigorosamente durante los siguientes tres meses. La floración es un periodo delicado ya que cualquier adversidad climática, especialmente la lluvia o el viento, pueden interrumpir la formación de las bayas. Finalmente la vendimia se realizará en el momento en que el viticultor considere que las uvas han alcanzado la madurez deseada.

Con la lógica diferencia en fechas del año por motivo de ubicación del viñedo, en el hemisferio norte o sur, usaremos las del norte para facilitar la comprensión. La tradición histórica decía que la vendimia se llevaba a cabo 100 días después de la floración. Si teníamos una fecha de floración sobre la última semana de junio nos llevaría a una vendimia hacia finales de septiembre. Sin embargo, desde los años 80 del pasado siglo, el aumento de las temperaturas ha supuesto un desplazamiento, de manera lenta pero implacable, hacia periodos más tempranos. En la primera década de este siglo, la floración se ha adelantado unas tres semanas, de tal manera que ahora se produce durante la primera semana de junio en vez de la última. La vendimia también se ha adelantado, aunque la tendencia a recoger más tarde buscando una mayor maduración ha incrementado el tiempo medio entre floración y vendimia, pasando de los 100 días a los 110. La vendimia suele realizarse a mediados de septiembre en vez de a finales. Es obvio que estas fechas cambian de región a región y también de año en año pero la tendencia es clara. La actual situación climática tiene dos importantes consecuencias, por un lado la vendimia ocurre más tarde, lo que implica un aumento en los días que la fruta permanece colgada, con respecto al ciclo madurativo habitual de tiempos pasados, y por otro lado el ciclo vegetativo completo, de floración a vendimia, se ha trasladado hacia adelante, ocurre más temprano, en el calendario anual. Los escépticos del cambio climático deberían consultar los completos registros de fechas relacionadas con el ciclo vegetativo de la viña que durante decenios han guardado muchos viticultores para comprobar que este hecho es prácticamente universal.

El factor predominante que determina que se alcance la madurez en las uvas es la temperatura durante la fase de crecimiento, periodo comprendido entre abril y octubre. Desde los años 80 del siglo pasado la temperatura media durante la estación de crecimiento ha aumentado 1 grado centígrado. Esta cifra es superior a la diferencia histórica de temperatura media, por ejemplo, entre las principales regiones productoras de Francia.france Siguiendo con Francia a modo de ejemplo, la actual temperatura media durante la estación de crecimiento en Borgoña es comparable a la que había en Burdeos hace 50 años y la media actual de temperatura de Burdeos es comparable a la de Ródano Norte a mediados del siglo pasado. Con carácter general, las temperaturas medias actuales durante el periodo de crecimiento de cualquier región vitícola son similares a las que existían hace 50 años en la región de producción situada, en términos relativos, geográficamente más al sur dentro de Francia. Todos estos datos son extrapolables al resto de países, cualquiera que sea su ubicación geográfica.

Llegado este punto debemos hacernos una pregunta razonable ¿Qué repercusión tiene todo lo anterior en la tipicidad de los vinos? Hay que destacar que esta situación ha beneficiado a las zonas más septentrionales, ya que ha permitido mejores maduraciones en ubicaciones que antes precisaban chaptalizar (añadir azúcar a sus mostos) para alcanzar niveles de alcohol razonables. De la misma manera ha significado una escalada en los niveles de alcohol de las zonas más meridionales, llegando en ocasiones a aparecer la cifra de 16º en algunas etiquetas de sus vinos.

Conviene recordar que las diferentes variedades de uva se desarrollan en un nicho concreto de temperaturas y además cada variedad tiene un rango de temperaturas de diferente amplitud. En algunos casos las variedades de desenvuelven bien en un rango muy amplio de temperaturas y serán menos sensibles a los cambios, excepto si ya se encuentran en el límite, pero en otros casos la amplitud del rango de temperatura de las variedades es muy pequeño y sutiles cambios podrían hacer que debieran sustituirse por otras más adaptadas a esas condiciones climáticas. Amplitud Térmica de Maduración copiaDe nuevo nos encontramos frente una situación que parece difícil de afrontar para las regiones históricas ya que la sustitución de sus variedades implicaría claramente la pérdida de identidad de sus vinos.

Históricamente en Europa, las diferentes variedades de uva se han plantado en sus límites de crecimiento más septentrionales, allí donde las maduraciones son más difíciles, lo que implicaba que sus ciclos madurativos eran más largos. Este hecho era beneficioso porque, y en esto si hay consenso, las uvas que maduran más lentamente elaboran mejores vinos. Ubicar el viñedo en estas localizaciones, trabajando tan al límite, hace que las buenas añadas sean de muy alta calidad pero también tiene el gran inconveniente de que estas buenas añadas ocurren menos frecuentemente. En muchas de las zonas vitivinícolas europeas de prestigio, históricamente sólo dos o tres veces en un decenio las añadas eran realmente buenas. La tendencia climática de los dos últimos decenios ha aumentado significativamente las añadas con uvas en estado óptimo de maduración, en estas mismas zonas.

La causa principal de una mala cosecha en tiempos pretéritos ha sido las bajas temperaturas, acompañadas a menudo de mucha lluvia caída en el momento menos apropiado, a lo largo del ciclo de maduración. Si observamos los dos últimos decenios vemos con sorpresa, como signo del cambio climático, que las añadas más problemáticas en la actualidad son las asociadas a las grandes olas de calor acaecidas en Europa, destacando el 2003, durante las cuales además se extreman las condiciones de sequía. Para que el terroir se manifieste en la viña, las condiciones climáticas durante el crecimiento deben permitir que la maduración de la uva sea lenta.
La tendencia mundial a recoger uvas con mayores niveles de maduración marca también una estrategia clara a desplazar el criterio principal que decide el momento de vendimia, desde el tradicional nivel óptimo de azúcar en la uva hacia lo que se conoce como maduración fenólica. Este impreciso término, describe el momento óptimo de maduración de los taninos, lo que sólo puede confirmarse mediante subjetivas pruebas de cata de las uvas. Esta búsqueda lleva aparejada inevitablemente el retraso de la vendimia ya que los taninos madurarán después de que las uvas alcancen sus niveles óptimos de azúcar, niveles que seguirán subiendo y se convertirán en mayores niveles de alcohol en los vinos. Esta tendencia se ve aumentada cuando la estación de crecimiento se acorta por el calor ya que los niveles de azúcar responden a la temperatura más rápidamente que los taninos. 
Cuanto más corta y más cálida sea la estación de crecimiento mayor será la acumulación relativa de azúcares frente a los fenoles. El dilema que nos plantea esta situación, dejando a un lado el relevante asunto de la acidez, es que si utilizamos los criterios tradicionales de vendimia, relacionados con el nivel de azúcar en la uva, para poder tener niveles razonables de alcohol, los taninos de las uvas recogidas no estarán maduros. Si en cambio utilizamos el criterio de maduración fenólica para recoger taninos maduros, nos encontraremos con niveles brutales de alcohol en las regiones cálidas y con niveles más altos de lo habitual en las regiones más frescas, lo que amenaza con eliminar la tipicidad de sus vinos.

La frecuencia de buenas añadas se ha visto notablemente incrementada por las cálidas condiciones de los últimos años y a la vez la cantidad de malas añadas se ha reducido gracias a las mejoras en la viticultura, que permiten obtener fruta de calidad para hacer un buen vino incluso en años con condiciones climáticas que antes se hubieran considerado desastrosas. Otro fenómeno añadido de esta tendencia climática es que la diferencia de calidad entre añadas buenas y añadas malas se ha estrechado, aunque evidentemente en las zonas limites de crecimiento aún puede ser muy marcada.

Malbec…¿quien es? ¿como identificarla? y ¿con que acompañarla?

Qué buscar en el Malbec

La característica más sobresaliente del Malbec es su color oscuro intenso. Los aromas del Malbec recuerdan a cerezas, frutillas o ciruelas, pasas de uva y pimienta negra en algunos casos con reminiscencias de frutas cocidas (por ejemplo, mermelada), dependiendo de cuándo se haya realizado la cosecha. En boca el Malbec es cálido, suave y dulce, con taninos que no son agresivos. Cuando se le añeja en madera, adquiere tonos a café, vainilla, café y chocolate.

Cuándo descorchar un Malbec

Por lo general, el Malbec es una variedad que se distingue por ofrecer una explosión de fruta. Esta característica puede aportar gran complejidad cuando el vino se añeja en roble nuevo. Es recomendable consumir rápidamente los Malbec jóvenes sin añejamiento en madera; aquellos que han sido criados en madera durante algunos meses pueden conservarse durante 2-3 años; y los “grandes” Malbec pueden evolucionar favorablemente en botella durante una década.

Maridaje con Malbec

Aperitivos

Para los aperitivos y entremeses el Malbec es el rey cuando se trata de acompañarlo con quesos fuertes (tipo Emmental, Queso Roquefort o queso azul), quesos ahumados de cabra o vaca, semillas frescas ( almendras, nueces o avellanas), o frutos rojos que complementen sus aromas (ciruela, moras o arándanos).

También es recomendable que tenga a mano bocadillos salados y crocantes (galletas o palitos de pan van muy bien).

Cabe rescatar que si prefiere tener una tabla de quesos ahumados y/o estacionados o semi-estacionados, es mejor maridarlos con un Malbec más complejo en sabor y preferiblemente uno de crianza.

Platos principales

Para los platos principales esta cepa tinta se acompaña muy bien con bife de chorizo, pimientos morrones recién asados, papas rellenas con queso roquefort y nueces, cortes de carnes magras.

Sin embargo si dentro de nuestro menú el plato fuerte no es carne, un Malbec Reserva o Gran Reserva es la mejor selección. Este tinto resulta ser una combinación bastante equilibrada con varios tipos de pastas frescos.

Si opta por pizzas artesanales (con salsa de trufas y queso parmesano por ejemplo) cocidas en una parrilla, éstas suelen tiene más sabor, con toques de carbón y humo, por lo que necesita un vino Malbec complejo y más estructurado. Si su pizza contiene un queso más fuerte y necesitará un vino con fruta madura y sí lo complementa con rúcula fresca, se complementará con el ácido bien equilibrado en el vino.

Postres

El Malbec se refleja a sí mismo de una forma extraordinaria en cuanto a los postres se refiere. Sin embargo no todos las preparaciones sacarán lo mejor de esta cepa.

Para ello recomendamos combinarlo con postres de chocolate amargo. Trufas o bombones rellenos. Otro postre que va muy bien con el Malbec es el mousse de chocolate, especialmente cuando este tiene nueces o almedras.

¿Que tiene que ver Argentina con la Malbec?

El Malbec en Argentina

Actualmente, Argentina es el principal productor de Malbec del mundo, con 39.486,43 has plantados a lo largo de todo el país seguido por Francia, Italia, España, Sudáfrica, Nueva Zelanda y USA.

Los viñateros argentinos han cultivado Malbec extensamente en todas las regiones vinícolas argentinas. En la actualidad pueden encontrarse Malbec opulentos y vigorosos a lo largo de la cordillera de Los Andes (desde Salta a Patagonia).

Mendoza es la principal región vitivinícola argentina. En ella se concentra el 86% de los cultivos de Malbec, con 34.095,40 has. Le siguen San Juan con 2.087,20 has, Salta con 1.130,31 has, Patagonia (Neuquén y Río Negro) con 994,31 has y La Rioja con 710,50 has.

En la Argentina tenemos DOC (denominación de origen controlada) para el Malbec en algunas regiones, esta denominación protege el nombre de la zona y obliga a los productores a mantener un alto nivel de calidad en los vinos.

Malbec Luján de Cuyo es la primera Denominación de Origen (DOC) de América. El Malbec de esta sub-región presenta un color muy intenso y oscuro de tipo rojo cereza que puede llegar a parecer casi negro. En Luján de Cuyo encontramos un vino de expresión mineral, haciéndose notar particularmente la fruta negra y las especias dulces.

Mientras que en Tupungato, Tunuyán y San Carlos (Valle de Uco), la expresión del Malbec es más elegante, mostrando notas especiadas y florales bien marcadas.

En la Patagonia (Neuquén y Río Negro) nos encontramos con un clima levemente más frio y alturas menos extremas, lo que hace que la baya retenga acidez, y se produzcan en el vino notas de frutas negras maduras en combinación con un marcado acento mineral.

El norte argentino (Salta y Catamarca) es amigo del sol y las alturas. Como todo producto de esta región su expresión y personalidad es única. Aromas de fruta roja y negra bien madura, pimienta negra, pimentón y una estructura muy sólida con taninos firmes y dulces.

El Malbec se expresa muy bien en regiones de elevada amplitud térmica y suelos calcáreos, arcillosos y/o arenosos, como los que se encuentran a la vera de la cordillera de Los Andes. Estas características geográficas y climáticas hacen que el Malbec producido en Argentina se destaque primordialmente por la calidad de sus taninos: dulces, sedosos y envolventes.

El Malbec tiene su día

El 17 de abril de 1853, año en que el Malbec llega a nuestro país, con el apoyo del gobernador de Mendoza, Pedro Pascual Segura, se presentó un proyecto ante la Legislatura Provincial, con vistas a fundar una Quinta Normal y una Escuela de Agricultura. Este proyecto fue aprobado con fuerza de ley por la Cámara de Representantes, el 6 de septiembre del mismo año.

La gestión de Pouget y Sarmiento en la Quinta Normal de Mendoza fue parte decisiva de este proceso. El 17 de abril es la fecha elegida por Wines of Argentina para celebrar el Malbec World Day, no sólo porque la creación de la Quinta Normal es símbolo de la transformación de la Vitivinicultura Argentina, sino porque fue el punto de partida para el desarrollo de esta cepa, emblema de nuestro país a nivel mundial.

17 de Abril “Dia Mundial de la Malbec”

Buenos días hoy estamos de fiesta y hay que celebrar con nuestra anfitriona en su día…por ello y para que conozcan más de nuestra festejada hoy le dedicamos la sección…

En esta nota haremos un breve repaso por los orígenes y la historia de la cepa insignia de Argentina, que paradójicamente, es francesa. ¿Cómo surgió, cómo llegó a nuestras tierras, por qué triunfó y se impuso en los viñedos nacionales?

Si tuviésemos que remontarnos literalmente a los comienzos, tendríamos que viajar hasta cinco mil o seis mil años antes de Cristo, a la zona de Armenia, Turquía, Irán, Irak, y sus aledaños, donde se hallan los primeros vestigios de la enología. Pero vamos a empezar un tanto más cerca de nuestra época: apenas unos pocos años antes del nacimiento de Cristo. Sobre el origen exacto de la uva Malbec, tenemos una serie de versiones, como suele suceder en estos casos.

Lo primero que debemos aclarar, es que la Malbec forma parte del reino de las “Cots”, que se caracterizan por ser uvas con gran carga colorante, donde también se engloban la Tannat y la Petit Verdot, entre otras más añejas. La primera versión sugiere que las Cots ingresaron a Francia procedentes desde Italia, expandidas por el Imperio Romano. La segunda versión, las ubica como nativas de las zonas costeras franco-alemanas del río Rhin. Y finalmente, la tercera, indica que su cuna fue la antigua provincia francesa de Quercy, muy cerca de Cahors, vacina a los Pirineos, en el sudoeste de Francia.

Siendo algo ya difícil de determinar cuál de los tres relatos es el exacto, fue ciertamente en la zona de Cahors donde las Cots se afianzaron y comenzaron a transitar un camino que no finalizaría. En lo referente a la Malbec, es producto del cruzamiento entre las castas Magdeleine Noir de Charantes (uva de mesa) y Prunelard N (antigua uva de la zona de Galliac). En sus comienzos, durante el Imperio Romano, el vino de Cahors gozaba de gran respeto y reputación, y así fue durante varios años.

Alrededor del 1150 de nuestra era, la duquesa francesa Leonor de Aquitania se casó con el rey Enrique II de Inglaterra, lo que fomentó el comercio entre los dos países, hecho que motivó que el Malbec se hiciera conocido en tierras británicas. La importación por parte de Inglaterra de los vinos de Cahors fue muy importante, hasta que se vio abruptamente interrumpida en 1337 por la guerra. Con altibajos, mantuvo su impronta, hasta que doscientos años después el Malbec ingresó a la corte del rey francés, marcando así un hito en su historia.

Posteriormente, distintas medidas político-económicas, dieron rienda suelta a la exportación de estos vinos, impulsados por el fructífero momento que atravesaba Francia, haciendo conocidos los productos de Cahors en toda Europa y Estados Unidos. Esto incluía el fanatismo por el Malbec de, por ejemplo, los zares de Rusia. Y todo fue color de rosas hasta el siglo XIX. Fue ahí cuando todo termino, producto de la mezcla terminal de tres factores.

Primero, los bodegueros de la región de Burdeos hicieron un gran trabajo de lobby para quedarse con los principales mercados extranjeros, segundo, los viticultores se volcaron fuertemente por otros tipos de cepas que entregaban mejores resultados en sus suelos y clima (como Merlot y Cabernet Sauvignon), y tercero, la letal plaga de la Filoxera, que barrió los viñedos de Cahors casi hasta el exterminio total.

Esto relegó al Malbec a un segundo plano, hasta que, fomentado por las autoridades chilenas y el prócer argentino Domingo Sarmiento, arribó en 1840 a Chile, junto con otras variedades de uvas y especialistas franceses de gran nivel. Luego, y tal como relatamos en una columna anterior titulada “¿Cómo comenzó la vitivinicultura en Argentina?”, en 1853 el Malbec llega a Argentina de la mano de Michel Aimé Pouget para la Quinta Agronómica de Mendoza, solicitado por el mismo Sarmiento.

Pouget notó que la uva Malbec se adaptaba particularmente bien a los terruños de Mendoza, y que sus resultados eran superiores a los que se obtenían en Francia, donde últimamente era utilizada en pequeños porcentajes en los cortes para darle mayor carga cromática a los vinos. Su expansión en los viñedos locales fue imparable, creciendo año tras año su volumen en relación a la superficie total implantada.

Gracias a sus rendimientos, su cierta facilidad para la vinificación, la resistencia a las pestes y su maduración homogénea, los viticultores locales la adoptaron con gran éxito, siendo así que llegó a ser la cepa emblema de Argentina, lugar donde se podría afirmar que entrega los mejores vinos.

Para finalizar, la uva Malbec debe su nombre a un viverista húngaro de apellido Malbek o Malbeck (con k final), quién fue uno de los primeros en identificarla por separado y esparcirla en Francia en la zona de Cahors, para posteriormente ser llevada a Burdeos, donde se la conoce también como Auxerrois. Luego se deformó el nombre Malbek, reemplazando la “k” por la “c”, aludiendo posiblemente a una palabra similar en francés que significa “mal pico”, a raíz del sabor áspero y amargo que entregaba esta uva en esa región.

Más allá de lo anterior, resulta entendible que el mercado manda, y con algo hay que diferenciarse con el resto del mundo, y allí entra en escena el Malbec, tal y como, salvando diferencias y hablando en líneas generales, lo hace Australia con el Syrah, Uruguay con el Tannat, Chile con el Carmenere, Sudáfrica con el Pinotage, Estados Unidos con el Zinfandel, España con el Tempranillo, y etcétera. En fin, si tiene la posibilidad, Usted pruebe vinos de esta uva, no se va a arrepentir, compruebe las diferencias entre los franceses y argentinos que son las insignias de esta variedad coteje con otros países y juzgue…al fin y al cabo el gusto es personal

Pero una cosa si es segura se volverá una de sus uvas predilectas